La casita. Todos en Mar de las Pampas la llaman así: la casita. Está en la esquina donde se cruzan Carlos Gesell y José Hernández. Y es, junto al tanque de agua uno de los pocos patrimonios culturales que aún tenemos. Ambos corren peligro de desaparecer.
La casita fue el refugio de los peones que trabajaron, hace medio siglo, en la forestación de Mar de las Pampas. Es el último vestigio del pasado que nos queda.
La construyó Mar Azul S.A a finales de los años 50 y allí vivió Esteban Cardoso, el encargado del vivero y de las tareas de fijación de los médanos, forestación y conservación del bosque. Una placa lo recuerda.
Hoy es un lugar de trabajo, de guarda de herramientas y de maquinaria para el mantenimiento del bosque, en especial, para la remoción de ramas y restos de poda.
La casita es testigo de una época que ya fue, como los árboles que la rodean: la magnolia -bellísima- el ciprés y el ciruelo.
Se mantiene en pié, orgullosa de que nunca haya llovido en su interior, y de que un hogar a leña todavía permanezca intacto, a la espera de tiempo mejores y dispuesto a dar calor como en los viejos tiempos.
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| Fotos: María Angélica Pérez |
Puede ser museo. Puede ser una casa de cultura. Puede ser un recuerdo vivo de lo que fuimos antes de ser lo que somos.
Cualquier destino es mejor que la piqueta.





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