Empieza a anochecer en Mar de las Pampas. Los centros comerciales encienden sus luces y de pronto, cambia la finsonomía de la aldea. Pero sin dejar de ser ella.
Es una noche cálida, amable y tranquila que invita a caminar, a tomar otro trago y a demorar la vuelta a casa. Dan ganas de que este instante no termine nunca.
Por Virazón y a pasos del mar, nos deslumbra la luna. Pedir más sería un abuso
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| Fotos: Marìa Angélica Pérez |



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