La bicicleta un día va a volar.
La
bicicleta de todos.
Ya
lo verán.
Le
están saliendo las alas.
Son
de verdad.
El
niño quiere que vuele,
y
volará.
El
niño irá por el aire
a
comprar el pan;
dará
una vuelta al campanario
de
paloma y cal.
El
niño y la paloma
sobre
la ciudad.
El
niño acompañando al ganso blanco.
Eso
se verá.
Le
están saliendo las alas.
Ven
a mirar.
Mira
como el lirio de los campos.
No
pienses mal.
Las
alas tienen miedo de algo.
Salen
y vuelven a entrar.
Miedo
de nosotros,
quizás.
Junto
al caballo es que desciende el ánsar crepuscular.
Cuando
me ve,
se
va.
¿Quién
soy?
¿Por
qué se va?
Tan
pronto los hombres
ganen
la paz,
la
bicicleta de todos
volará.
La
que duerme en las puertas de los cines
volará.
La
del cartero
volará.
La
de la reina Guillermina,
volará.
La
mía _y tuya_
volará.
Por
arriba del humo y de los cables
me
verás.
La
bicicleta tendrá un solo nombre:
Libertad.
El
ángel de las aguas
ya
no se irá.
Calle
ancha del cielo
para
mirar.
Flores
que nunca vimos,
aquí,
allá.
Habrá
tiempo para mirar.
Cuánto
tiempo perdido,
¡ay!
Tan
pronto los hombres
dejen
de guerrear,
la
bicicleta del mundo
volará.
Todos
los pueblos tendrán un velódromo
donde
los niños correrán.
De
allí alzarán el vuelo.
Darán
una vuelta sobre el mar.
Si
no lo hubiera
sobre
el trigal;
si
no lo hubiera,
irán
donde lo haya y volverán.
Ir
y volver
será
como cantar.
Porque
la bicicleta
tendrá
alas de verdad.
La
del cartero, la de la reina Guillermina.
Nadie
se caerá.
Todo
es cuestión que los hombres
ganen
la paz.
José Pedroni (1899-1968)


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