Hizo lo que hace siglos hace. Buscó un sitio donde tender su trampa, la que le permite comer, reproducirse, dar alimento
a sus larvas.
La vieja lección del mundo sobre cómo perdurar.
La vieja lección del mundo sobre cómo perdurar.
Después tejió la red, igual que hace siglos. Y con las tres cualidades que la identifican, paciencia, modestia y sabiduría, esperó. Todavía está allí, saludable y orgullosa.



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