Duermen su siesta marpampeana. Están casi todo el día juntos: desde el cachorrote que no llega al año al que ya ha recorrido más de un camino.
Van y vienen. Descansan uno al lado del otro, sobre la arena y al sol. Piden mimos a los que pasan por El Lucero. Y lograron una hermandad que ya es parte de la aldea.
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| Fotos: María Angélica Pérez |




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