Oh, luna de los mares,
luna
mía,
cuando
de las calles regreso,
de mi número
vuelvo,
tú me lavas
el polvo,
el sudor
y las manchas
del camino,
lavandera
marina,
lavas
mi corazón cansado,
mi camisa.
En la noche
te miro,
pura,
encendida
lámpara
del cielo,
fresca, recién nacida
entre las olas,
y me duermo
bajo tu esfera limpia,
reluciente,
de universal reloj,
de rosa blanca.
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| Fotos: Alberto Amato |
Amanezco
nuevo, recién vestido,
lavado por tus manos,
lavandera,
buena para el trabajo
y la batalla.
Tal vez tu paz, tu nimbo
nacarado,
tu nave
entre las olas,
eterna, renaciendo
con la sombra,
tienen que ver conmigo
y a tu fresca
eternidad de plata
y de marea
debe mi corazón
su levadura.
Fragmento de Oda a la luna del mar, de Pablo Neruda



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