"...lo mejor que coleccioné en mi vida fueron mis caracoles. Estos me dieron el placer de su
prodigiosa estructura: la pureza de una porcelana misteriosa, agregada a la
multiplicidad de formas, táctiles, góticas, funcionales".
"..Miles de pequeñas puertas submarinas se abrieron a mi conocimiento desde aquel
día en que don Carlos de la Torre , ilustre malacólogo de Cuba, me regaló los mejores ejemplares de su colección. Desde entonces y al azar de mis viajes, recorrí los siete mares,
acechándolos y buscándolos.
Pero debo reconocer que fue el mar de París el que, entre ola y
ola, me descubrió más caracoles. Todo el nácar de las oceanías había
transmigrado a sus tiendas naturalistas, a sus mercados de pulgas".
Pablo Neruda, Reflexiones desde isla Negra
día en que don Carlos de
acechándolos y buscándolos.
Pero debo reconocer que fue el mar de París el que, entre ola y
ola, me descubrió más caracoles. Todo el nácar de las oceanías había
transmigrado a sus tiendas naturalistas, a sus mercados de pulgas".
"En México me fui por las playas, me sumergí en las aguas transparentes y cálidas, y recogí maravillosas conchas marinas. Luego en Cuba y en otros sitios, así como por intercambio y compra, regalo y robo (no hay coleccionista honrado), mi tesoro marino se fue acrecentando hasta llenar habitaciones y habitaciones en mi casa."
"Tuve las especies más raras de los mares de China y Filipinas, del Japón y del Báltico, caracoles antárticos y polymitas cubanas, o caracoles pintores vestidos de rojo y azafrán, azul y morado, como bailarinas del Caribe. A decir verdad, las pocas especies que me faltaron fue un caracol del Matto Grosso brasileño, que vi una vez y no pude comprar, ni viajar a la selva para recogerlo. Era totalmente verde, con una belleza de esmeralda joven.
Exageré mi caracolismo hasta visitar mares remotos.
Mis amigos también comenzaron a buscar conchas marinas, a encaracolarse."
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| Fotos: María Angélica Pérez |




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