Por Juan F. Diez, guionista y restaurador
Siempre me atrajo mucho el encuentro de la pampa y el mar, esas dos bestias horizontales que tanto dominan el paisaje de esta parte del país. Pero de más esta aclarar que no en todos lados ese romance se da de forma tan natural, orgánica y placentera como en Mar de las Pampas. Un lugar donde la planicie se vuelve monte, el monte se vuelve playa, la playa se vuelve océano… y los días, algo que uno querría dejar en pausa indefinidamente.
La primera vez que estuve fue hace ya unos diez años; era en abril (‘el ritmo tibio’, diría Baglietto… y algo de eso había). Otoño, playas pacíficas, el nivel de fresquito ideal, y muchas meriendas/cenas/vinos en mesitas solitarias entre los pinos. Eso es y será para mi Mar de las Pampas, aunque las temporadas altas se empecinen en demostrarme otra cosa. ¿Será cierto al final aquello de las primeras impresiones...?
DeLorean mediante, salto a mi última estadía: este verano, pasando las fiestas.
El plan ya era otro... yo era otro. Pareja, hermanos, tíos, sobrinos,
abuelitas, perra salchicha (Pascualina, la toc
model que de seguro notarán aquí alrededor)… los Campanelli, en síntesis. Y
sin embargo, la satisfacción y el bienestar fueron los mismos. Bueno.. no
exactamente los mismos, pero igual de placenteros. Resulta que, además de ser
un paraíso idílico para solitarios y románticos, es un gran escenario para
disfrutar en familia y con amigos. Descansar, conversar, caminar, refrescarse, brindar,
comer, comer, comer... uy, salto la púa.
En fin. Mar de las Pampas es decididamente un entorno que elijo y seguiré eligiendo cada vez que se presente la oportunidad. Hasta ahora no ha defraudado.
Si tuviera que resaltar algo con lo que no me siento del todo cómodo, sería la creciente cantidad de autos que hay, y la -también creciente- velocidad a la que se mueven. Ok, hay que llegar en auto, está perfecto; pero no creo que sea necesario ir en coche a 50 a comprar queso rallado al centrito. Sobre todo cuando hay chicos y perros por las calles, poca luz, y la idea es que todos estemos tranquilos. Buscaría la forma de desarrollar una propuesta de movilidad más verde (ya lo tenés al hippie..), que tenga más que ver con la esencia del lugar. Después de todo, no estaría siendo muy de "aldea" que haya trapitos en la playa.
Podría seguir hablando muchísimo sobre este lugar único, y eso es simplemente porque lo amerita... Pero mejor me llamo al silencio, me pierdo en los recuerdos que tengo de por ahí, y saludo al mar con un abrazo.
En fin. Mar de las Pampas es decididamente un entorno que elijo y seguiré eligiendo cada vez que se presente la oportunidad. Hasta ahora no ha defraudado.
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| Fotos: Juan F. Diez |
Si tuviera que resaltar algo con lo que no me siento del todo cómodo, sería la creciente cantidad de autos que hay, y la -también creciente- velocidad a la que se mueven. Ok, hay que llegar en auto, está perfecto; pero no creo que sea necesario ir en coche a 50 a comprar queso rallado al centrito. Sobre todo cuando hay chicos y perros por las calles, poca luz, y la idea es que todos estemos tranquilos. Buscaría la forma de desarrollar una propuesta de movilidad más verde (ya lo tenés al hippie..), que tenga más que ver con la esencia del lugar. Después de todo, no estaría siendo muy de "aldea" que haya trapitos en la playa.
Podría seguir hablando muchísimo sobre este lugar único, y eso es simplemente porque lo amerita... Pero mejor me llamo al silencio, me pierdo en los recuerdos que tengo de por ahí, y saludo al mar con un abrazo.
Ojala nos veamos pronto.
Si querés conocer y disfrutar de las hermosos muebles, maderas, maderitas y todo lo que restaura Juan, podés visitar su página en facebook: https://www.facebook.com/juan.terrenal.9? ref=ts Super recomendable.
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