“Un momentito, señor…” El señor al que le fue dirigida la frase, supo
enseguida que lo habían atrapado. El 11 de mayo de 1960, en una oscura calle de
tierra de San Fernando, un comando de los servicios secretos israelíes
secuestraba en Argentina al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, responsable
del asesinato de millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial, que
vivía en el país bajo el falso nombre de Ricardo Klement.
Días después, en el primer avión de El Al que había llegado a la
Argentina con la delegación oficial de ese país a los festejos del
Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, Eichmann fue llevado a Israel, donde
fue juzgado y ejecutado.
“A la caza de Eichmann”, de Neal Bascomb (Editorial Debate) no sólo recupera
para la historia, aunque lo hace en parte, el implacable seguimiento de
Eichmann por parte de los espías israelíes, un trabajo que llevó varios años,
sino que además sigue paso a paso la huída del burócrata de la muerte después
de terminada la Segunda Guerra.
El libro se lee como lo que es: una novela de espionaje que no es
novela. De alguna forma, con nuevos elementos y nuevas pruebas, “A la caza…”
supera el ya casi legendario e inhallable “La casa de la calle Garibaldi”, que
en los años 70 publicó Isser Harel, el jefe de los comandos israelíes, que
calló gran parte de los secretos que rodearon a la operación.
Bascomb no tuvo mucho más éxito. Por alguna razón, seguramente de Estado
aunque parezca increíble a cincuenta y dos años del episodio, el libro no
revela quiénes prestaron vital ayuda a los agentes israelíes en Buenos Aires
que, sin conocer el terreno, sin hablar el idioma y sin conocer las costumbres,
ubicaron a Eichmann, lo fotografiaron para estar seguro de su identidad, lo
secuestraron y lo mantuvieron cautivo al menos diez días en una casa quinta de
Florencio Varela.
El gran agujero negro que Bascomb no revela, no ensombrece la calidad y
la intensidad del libro y del relato. Pero deja abierta una incógnita enorme y
la sospecha de que un célebre crimen que conmovió al país años después, el del
Norma Mirtha Penjerek, pueda tener relación con el caso Eichmann.
Pese a los silencios, y para los amantes de la Segunda Guerra y sus
consecuencias, el libro no tiene desperdicio.
Alberto Amato
Alberto Amato

No hay comentarios:
Publicar un comentario