Cuando el director polaco Krzystof Kieslowski murió, tenía 54 años. Murió demasiado pronto, un 13 de marzo de hace diesciente años. Y los que amábamos su cine intimista, que indagaba la condición humana, los deseos, las frustraciones, los miedos y las distintas formas del amor, lo extrañamos. Afortunadamente dejó un legado de películas(La doble vida de Verónica, Bleu, entre otras) que no pierden fuerza y son siempre actuales. Porque preguntarse sobre el sentido de la vida, no tiene tiempo de vencimiento. Como tampoco lo tiene el elegante uso de las luces, los colores, la posición y distancia de la cámara y los primeros planos. Pero Kieslowski, lo explicaba mejor: "Todos mis films, desde el primero hasta los más recientes, son acerca de individuos que no pueden encontrar un sentido absoluto a sus actos, que no saben del todo cómo vivir, que no saben realmente dónde está el Bien y el Mal, que están buscando desesperadamente. Buscando respuestas a preguntas tan elementales como ¿para qué es todo esto?, ¿para qué levantarse por la mañana?,¿ para qué acostarse por la noche?,¿para qué volverse a levantar?"El reconocimiento en Europa le llegaría con su serie "El Decálogo", diez historias majestuosas, filmada para la televisión polaca a finales de los ochenta, y que toma como referencia los diez mandamientos. Uno de ellos, el film No matarás, que es un alegato contra la pena de muerte, lo lanzó internacionalmente tras obtener el Premio del Jurado en Cannes en 1988 y el Premio al Mejor Film por la Academia de Cine Europeo.
En una de sus películas más conocidas es La doble vida de Verónica, Kieslowski entrelaza la vida de dos mujeres idénticas, huérfanas de madre, amantes de la música y cada una en un país distinto. Apasionante historia. Su protagonista es Irene Jacob.
Y fue el último trabajo Tres colores (Bleu, Blanc et Rouge) su manera de despedirse del cine y de este mundo. El nombre de cada una de las tres películas proviene de los colores de la bandera de Francia y hace referencia a cada uno de los tres principios de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad.
Bleu, con Juliette Binoche, es una pintura del dolor, la soledad, la búsqueda. Y la banda sonora es emoción pura. Blanc con Julie Delphy, se desarrolla en su tierra natal, en pleno invierno. La nieve y el frío nos envuelve casi de manera constante.
Rouge, con Irena Jacob , Jean Louis Trintignant y la música, que como en todas las obras de este director, también es otra protagonista. Y juega a la perfección con el amor, la soledad, la deshumanización y la esperanza, algunos de los cimientos de este film tan conmovedor y atrapante.
Las pelis de Kieslowski, son para ver y volver a ver. Ideales para tenerlas al alcance de la mano cuando comienza el otoño.
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