Sin prisa pero sin pausa, los colores de la aldea empiezan a cambiar. Son los matices del otoño.
Todo adquiere otro rítmo, otro aroma, otra mirada. Y hasta los troncos de los árboles parecieran que cambian de ropaje.
Los diferentes tonos de dorado, de tierra, de verde y de pinocha cubren el bosque
Y el amarillo de algunas hojas, estalla como la mejor pincelada de la naturaleza.
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| Fotos: María Angélica Pérez |




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