29.4.13

Día del animal

Celebramos el Día del Animal gracias a un humano que peleó por ellos, que los amó, los protegió, intentó, a menudo con éxito, que no fueran sometidos a prácticas crueles en la Argentina cerril y tosca que se asomaba en plena generación del 80.
El humano, abogado y sobrino de Domingo Faustino Sarmiento, fue Ignacio Lucas Albarracín que, en 1880, lanzó una serie de campañas para terminar con las corridas de toros, con la crueldad en la matanza de los animales para faenar y con un deporte bárbaro, hueco y petulante que todavía tiene adeptos: el tiro a la paloma. También logró que las tradicionales riñas de gallos dejaran de ser legales. Fue, cómo no, un adelantado.

Años antes, en 1869, Albarracín, que tenía el empuje tozudo de su tío, había creado la Sociedad Protectora de Animales. Y había convencido a Bartolomé Mitre, por entonces presidente de la Nación, de que se deshiciera de su bravo e invicto gallo de riña que tantas satisfacciones le había dado en las galleras del poder. Albarracín le hizo a Mitre una oferta que no pudo rechazar: lo nombró vicepresidente de la Sociedad Protectora de Animales.

Junto a Sara Bibiana Carranza Davison, Albarracín tuvo nueve hijos, pero su amor por los animales lo llevó a sacrificar parte de su bienestar, de su fortuna y de su tiempo. Muchos no lo entendieron y por estas actitudes fue, muchas veces, objeto de burla, sarcasmo y de duras caricaturas en las publicaciones que satirizaban a los políticos poderosos de la época. Pero él siguió adelante y en 1907 gestionó con el doctor Ponciano Vivanco, presidente del consejo Nacional de Educación, la celebración de la Fiesta del Animal. Albarracín se había inspirado en el Animal Sunday (Domingo del Animal) la festividad que los pastores de las iglesias británicas celebraban en Londres, y en las que se daban sermones destinados a inculcar el respeto por los animales.
Finalmente se aprobó el “Día del Animal” en la Argentina y Albarracín, hombre incansable en su lucha, fue por más. Se reunió con el director del Zoo, Clemente Onelli para ultimar los detalles del festejo. Ambos decidieron que se realizarían el 29 de abril del año siguiente, 1908.
Pero la fiesta de aquel día tan esperado debió suspenderse por lluvia y sólo por esa vez se realizó el 2 de mayo. El zoológico fue el lugar elegido para la celebración de la que participaron el presidente de la Nación, José Figueroa Alcorta y quince mil escolares; hubo una suelta de palomas mensajeras y una banda ejecutó el himno a Sarmiento. Albarracín estaba en su gloria.
El 29 de abril de 1926, dieciocho años después de aquel primer festejo, murió en su casa de un paro cardíaco. Volvía de asistir a la fiesta por la que tanto había luchado. Cuentan que los últimos años de su vida compartía la mayor parte de su tiempo con perros, caballos y pájaros.
                                                  POR MARÍA ANGÉLICA PÉREZ / PARA CLARÍN BUENA VIDA

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