Llegó hace siete meses Trotsky al hogar de Gaby y Roberto. Tenía apenas unos días en este mundo cuando empezó a juguetear en la arena de la aldea.
Sus dueños habían tomado una decisión: no tener más perros. Pero... tal vez por esa mirada, el pelo eternamente despeinado y esa expresión de: ¿Me vas a dejar aquí?, el cachorro los pudo.
Y hoy ya es de la familia, va a todos lados con Gaby y Roberto, le encanta ir en la camioneta a la que se trepa con la agilidad de un tigre, para beberse todo el aire de Mar de las Pampas.
Lo llamaron Trotsky un poco por azar. Gaby recién terminaba de leer la entrañable novela del cubano Leonardo Padura "El hombre que amaba a los perros", sobre la vida del revolucionario ruso. Y como este cachorro les revolucionó sus vidas...
Trotsky, vení a casa cuando quieras, siempre hay un lugar para vos.


Hermoso, ojalá cada perrito de la aldea y alrededores reciba al menos un poco del amor y atención que encontró Trotsky!
ResponderEliminarSi Ma. Angeles. Nos sumamos a tu deseo. Ellos lo merecen. Gracias por comentar.
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