La separación del director iraní, Asghar Farhadi, es una peli para recomendar, comentar, pensar y re- pensar. A través de la historia que cuenta, y sobre todo cómo lo hace, Farhadi demuestra que el cine iraní no es aburrido ni lento y sólo para snobs.
Comienza con un conflicto de pareja. La protagonista, Simin, hizo todos los trámites para obtener las visas e irse del país, junto a su marido-Nader- y su hija adolescente, Termeh. Pero su marido se niega a dejar a su padre que padece el mal de Alzheimer. A partir de ahí, todo lo que ya venía mal, va cada vez peor. Nader, al quedarse solo en la casa con su hija y su padre, contrata a una empleada que está embarazada, de una condición social más baja y que perderá a su bebé.
El problema familiar se transforma en una enmarañado caso judicial, que si bien está contado en Irán, con su tradiciones, costumbres y también cambios actuales, es un replanteo que llega a cualquier parte del mundo: al que camina por la rue de Rivolí en París o al que pasea por la calle el Ceibo, en Mar de las Pampas.. Nadie está ajeno, todos somos parte. El director no juzga a nadie, muestra, cuenta y el espectador no es dejado a un lado, si no que participa, tiene contradicciones, va y vuelve con sus ideas, su moral, sus bajezas. El espectador deja de ser pasivo y seguramente, ni se acordará de los pochoclos.
Si es posible no la dejen pasar y, si pueden, sería bueno verla más de una vez.

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