“Veo el terreno y ya me
imagino la casa”. Con esta simpleza, el arquitecto Roberto Busteros explica
cómo comenzó a entender y respetar los
desparejos lotes que se despliegan entre
Mar de las Pampas, las Gaviotas y Mar Azul.
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| Hogar. Busteros en su casa de Brown y Padre Cardiel |
A lo largo de veinte años
este pionero y habitante de la aldea, proyectó y levantó alrededor de cien casas. Algunas para familias que
buscaban cumplir el sueño de una casa en
el mar y otras para emprendedores que querían tener un apart y recibir al
turismo que crecía año tras año. Casas hechas con ladrillos a la vista, amplios
vidrios, decks generosos. Materiales que se amigan con la zona, sin invadirla.
Volúmenes diferentes que se equilibran y
se adaptan al trazado del terreno. Así, Busteros, marcó un estilo y un camino
que muchos siguieron. Algunos dicen que sus casas tienen swing, otros que
tienen un no sé, difícil de explicar. Busteros lo sintetiza mejor: “Ahora puedo
elegir, sobre todo a las personas. Una casa es el resultado de una buena
relación con los otros”.
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| Planos. Desde los 80, Busteros es uno de los primeros arquitectos de Mar de las Pampas |
Todo empezó hace casi cuatro
décadas. “Entre los años setenta y ochenta veníamos en carpa con mi familia y
con amigos al camping de ingenieros y arquitectos. Siempre fui un enamorado del
bosque, la naturaleza y el mar. Y sí, el sueño de comprar un lote y hacer una
casa siempre estuvo. La primera que compró su lote fue una amiga y fue ahí
donde empezamos a armar las carpas. Éramos un montón, casi diez carpas ocupadas
por cuatro, cinco personas. Un día se me ocurrió, ya que éramos tantos, armar
un baño y una cocinita. Después se fue agrandando y se le agregó un dormitorio.
Eran dos núcleos separados pero unidos por un puente. Se lo conocía como “La
pecera”. No había otra construcción parecida a esa”.
Aquel bosque joven y prometedor, el silencio y el
estado casi salvaje del lugar lo fueron atrapando y Busteros se dejó atrapar. Un
día dio un paso decisivo en su vida: trabajaba en el Ministerio de Obras
Públicas de La Plata
como inspector de obra y pateó el tablero. “No estaba mal pero sentía algo que
no tiene una explicación lógica. Renuncié aunque sabía que me iba a la nada.
Compré un taxi y empecé a manejarlo. Siempre digo que ésta es la última materia
para recibirte de arquitecto. Fue una buena experiencia, manejaba y hacía de
psicólogo. También surgió un trabajo en Villa Gesell para construir cinco
duplex. Ya tenía un lote en Mar Azul y, como estaba muchos días acá, levanté
una cocina y un baño. Tenía un tabique que me permitía dormir ahí. Mi
compañero, en ese entonces, era un perro pastor inglés. Y gracias a él,
algunos, me reconocían como “el arquitecto”. Mi ex mujer y mis cuatro hijos
vivían en La Plata
y venían cada tanto. Era uno de los pocos arquitectos que había por acá. En
1997, me instalé definitivamente y empezaron a salir más trabajos.”
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| Ayer y hoy. "Me instalé definitivamente en 1977. Soy un bicho de Mar de las Pampas". |
Terminó de construir su complejo
de aparts “Casa de Piedra” en 1999; era uno de los pocos que estaba sobre
Virazón, a poquísimos metros del mar y sobre la calle que lleva directamente al
balneario. Una ubicación privilegiada. “Me acuerdo que venía de una caminata
por la playa y veo un cartel todo oxidado que decía “en venta”. Lo saqué y así,
con el cartel bajo el brazo, fui hasta la inmobiliaria Vázquez (uno de los
fundadores de Mar de las Pampas) y le dije: ‘Te vengo a comprar el lote’. Era
un terreno raro pero me gustó y al poco tiempo empecé a levantar Casa de Piedra.
La terminé y la inauguramos en diciembre del mismo año. Nunca me olvido que
cuando llegó uno de los primeros clientes, le dije que todavía nos faltaban los
interiores de placard y no estaba
conectado el cable para la televisión. El señor me contestó: ‘No importa, yo no
vengo a ver tele’. Y se quedó”.
Pese a que el turista que hoy elige Mar de las Pampas, sobre todo el de temporada alta, nada tiene que ver con aquel huésped y que el auge de la construcción cambió la fisonomía del pueblo, hay todavía en esta aldea, una esencia,un alma que se mantiene inalterable. Y es esa magia la que enamora una y otra vez a Busteros: "Soy un bicho del lugar. Jamás me planteé irme. Cuando voy a La Plata visito a mis hijos, a mis nietos, compro libros, pelis y vuelvo enseguida. Acá respiro. Este es mi lugar y lo voy a disfrutar hasta mis últimos días".
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| Mar de las Pampas y yo. "Acá respiro. Este es mi lugar y lo voy a disfrutar hasta mis últimos días". |
El estilo Busteros
"Bayauca", entre Lola Membrives y Cruz del Sur
"Lacadé", entre Repeto y Guiraldes
"Paraná", entre Del Plata y Los Incas.
"Lavandas del Sur", Lola Mora, entre Storni y Albatros
"La Barranca", Obligado entre Las Acacias y Juez Repetto
Fotos: Alberto Amato
EL LUGAR DIVINO...LAS CASAS UN SUEÑO.
ResponderEliminarQUE SUERTUDOS PODER DISFRUTAR DE ESA HERMOSURA.!!!!!!!
CHAUCITO
Un visionario que hace que un lugar hermoso sea más lindo aún!
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