18.9.13

Roberto Busteros: "Este es mi lugar en el mundo"

“Veo el terreno y ya me imagino la casa”. Con esta simpleza, el arquitecto Roberto Busteros explica cómo comenzó a entender y respetar  los desparejos lotes que se despliegan  entre  Mar de las Pampas, las Gaviotas y  Mar Azul.
Hogar. Busteros en su casa de Brown y Padre Cardiel
 A lo largo de veinte años este pionero y habitante de la aldea,  proyectó y levantó alrededor de cien  casas. Algunas para familias que buscaban  cumplir el sueño de una casa en el mar y otras para emprendedores que querían tener un apart y recibir al turismo que crecía año tras año. Casas hechas con ladrillos a la vista, amplios vidrios, decks generosos. Materiales que se amigan con la zona, sin invadirla. Volúmenes diferentes que  se equilibran y se adaptan al trazado del terreno. Así, Busteros, marcó un estilo y un camino que muchos siguieron. Algunos dicen que sus casas tienen swing, otros que tienen un no sé, difícil de explicar. Busteros lo sintetiza mejor: “Ahora puedo elegir, sobre todo a las personas. Una casa es el resultado de una buena relación con los otros”. 


Planos. Desde los 80, Busteros es uno de los primeros arquitectos de Mar de las Pampas
Todo empezó hace casi cuatro décadas. “Entre los años setenta y ochenta veníamos en carpa con mi familia y con amigos al camping de ingenieros y arquitectos. Siempre fui un enamorado del bosque, la naturaleza y el mar. Y sí, el sueño de comprar un lote y hacer una casa siempre estuvo. La primera que compró su lote fue una amiga y fue ahí donde empezamos a armar las carpas. Éramos un montón, casi diez carpas ocupadas por cuatro, cinco personas. Un día se me ocurrió, ya que éramos tantos, armar un baño y una cocinita. Después se fue agrandando y se le agregó un dormitorio. Eran dos núcleos separados pero unidos por un puente. Se lo conocía como “La pecera”. No había otra construcción parecida a esa”.
Aquel bosque joven y prometedor, el silencio y el estado casi salvaje del lugar lo fueron atrapando y Busteros se dejó atrapar. Un día dio un paso decisivo en su vida: trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas de La Plata como inspector de obra y pateó el tablero. “No estaba mal pero sentía algo que no tiene una explicación lógica. Renuncié aunque sabía que me iba a la nada. Compré un taxi y empecé a manejarlo. Siempre digo que ésta es la última materia para recibirte de arquitecto. Fue una buena experiencia, manejaba y hacía de psicólogo. También surgió un trabajo en Villa Gesell para construir cinco duplex. Ya tenía un lote en Mar Azul y, como estaba muchos días acá, levanté una cocina y un baño. Tenía un tabique que me permitía dormir ahí. Mi compañero, en ese entonces, era un perro pastor inglés. Y gracias a él, algunos, me reconocían como “el arquitecto”. Mi ex mujer y mis cuatro hijos vivían en La Plata y venían cada tanto. Era uno de los pocos arquitectos que había por acá. En 1997, me instalé definitivamente y empezaron a salir más trabajos.” 

Ayer y hoy. "Me instalé definitivamente en 1977. Soy un bicho de Mar de las Pampas".
          Terminó de construir su complejo de aparts “Casa de Piedra” en 1999; era uno de los pocos que estaba sobre Virazón, a poquísimos metros del mar y sobre la calle que lleva directamente al balneario. Una ubicación privilegiada. “Me acuerdo que venía de una caminata por la playa y veo un cartel todo oxidado que decía “en venta”. Lo saqué y así, con el cartel bajo el brazo,  fui  hasta la inmobiliaria Vázquez (uno de los fundadores de Mar de las Pampas) y le dije: ‘Te vengo a comprar el lote’. Era un terreno raro pero me gustó y al poco tiempo empecé a levantar Casa de Piedra. La terminé y la inauguramos en diciembre del mismo año. Nunca me olvido que cuando llegó uno de los primeros clientes, le dije que todavía nos faltaban los interiores de placard y  no estaba conectado el cable para la televisión. El señor me contestó: ‘No importa, yo no vengo a ver tele’. Y se quedó”.

             Pese a que el turista que hoy elige Mar de las Pampas, sobre todo el de temporada alta, nada tiene que ver con aquel huésped y que el auge de la construcción cambió la fisonomía del pueblo, hay todavía en esta aldea, una esencia,un alma que se mantiene inalterable. Y es esa magia la que enamora una y otra vez a Busteros: "Soy un bicho del lugar. Jamás me planteé irme. Cuando voy a La Plata visito a mis hijos, a mis nietos, compro libros, pelis y vuelvo enseguida. Acá respiro. Este es mi lugar y lo voy a disfrutar hasta mis últimos días".

Mar de las Pampas y yo. "Acá respiro. Este es mi lugar y lo voy a disfrutar hasta mis últimos días".

   El estilo Busteros

  "Bayauca", entre Lola Membrives y Cruz del Sur


  "Lacadé", entre Repeto y Guiraldes


"Paraná", entre Del Plata y Los Incas.


"Lavandas del Sur", Lola Mora, entre Storni y Albatros


"La Barranca", Obligado entre Las Acacias y Juez Repetto

Fotos: Alberto Amato



2 comentarios:

  1. EL LUGAR DIVINO...LAS CASAS UN SUEÑO.
    QUE SUERTUDOS PODER DISFRUTAR DE ESA HERMOSURA.!!!!!!!
    CHAUCITO

    ResponderEliminar
  2. Un visionario que hace que un lugar hermoso sea más lindo aún!

    ResponderEliminar