Una novela sin fronteras
De pronto, el verano lo cambia
todo en un país que lo estaba cambiando todo.
España, 1978, pleno
postfranquismo. Una bandita de adolescentes marginales, delincuentes de poca monta,
recluta a otro adolescente de clase media acomodada, aplastado por su propia
cobardía y cegado por el vértigo de una vida que le parece nueva, rica,
apasionante.
Son El Zarco, la Tere y El
Gafitas.
Todo termina como suelen terminar
estas cosas. Pero treinta años después, llega el reencuentro, hilvanado por un
escritor que tiene como misión narrar la historia de aquel delincuente juvenil,
convertido en un símbolo de la transición española a la democracia. En el medio,
laten las diluidas fronteras sociales y morales, cambiantes unas, férreas otras
a lo largo de tres décadas, y un enigma: qué fue lo que unió a todos, qué fue
lo que los separó, cuál es la verdad en ese marasmo de sentimientos,
hipocresías, dobleces, astucias e imposturas al que no son ajenos ni el poder
político, ni la prensa, ni las autoridades penitenciarias ni la Justicia.
Por ahí viene “Las leyes de la
frontera” (Mondadori), apasionada novela del español Javier Cercas. Más, no se
puede contar.
Cercas es un notable escritor,
autor, entre otros trabajos memorables, de “Soldados de Salamina” y “El vientre
de la ballena”. Aunque sea curioso, su obra cumbre (esto es materia discutible)
no es ficción: es un ensayo histórico y periodístico sobre el intento de golpe
de Estado en España, liderado por el coronel Antonio Tejero el 23 de febrero de
1981. Ese libro, “Anatomía de un instante”, un verdadero tratado de filosofía
política narrado como una gran novela, se consigue todavía en las librerías
argentinas. Cercas, y eso es una lástima, no tiene mucha difusión en el país.
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