4.11.13

Nerina y Alejandro:"Es posible cumplir los sueños"


Alejandro y Nerina en el camino que lleva a Samsara, el restaurante vegetariano de Mar de las Pampas. 
Se conocían de antes, de cuando vivían en Villa Luro y caminaban por las calles de Buenos Aires. Cada uno tenía su trabajo, su historia y sus sueños. Pero, hace más de seis años, en un verano de Mar de las Pampas, las miradas entre ambos fueron distintas y en las sonrisas hubo otra complicidad. Sin demasiados preámbulos, empezaron a armar una historia y a tener un proyecto en común. Hoy, Nerina Clementel y Alejandro Mercogliano, tienen una hija, Gaia, otra niña en camino que se llamará Ámbar y el primer y único restaurante vegetariano de la aldea: Samsara. Felices sin perdices.

-Trabajaba de camarera durante la temporada, ya me había quedado un invierno y  este lugar me gustaba mucho –recuerda Nerina– Un verano vino a visitarme Alejandro.  Éramos conocidos y  nos dimos cuenta de que algo más nos daba vueltas. Había decidido que éste era mi lugar, pero ese invierno volví  a Buenos Aires y  allá estuvimos todo el año juntos. Quedé embarazada y pusimos en venta lo que teníamos. El departamento se vendió al mes de nacer nuestra hija y, cuando tenía ocho meses, nos vinimos para acá. Empezamos de cero, compramos el terreno,  primero levantamos el comedor y fuimos construyendo de a poco.

"La llegada de Gaia nos hizo replantear dónde queríamos criarla".

-         ¿Qué dejaron en Buenos Aires?

-         Era encargado de una agencia de viajes –cuenta Alejandro– trabajaba en una oficina que no tenía ventanas. Dejamos una buena posición económica. En lo personal,  a mi madre, mis hermanos, una empresa y un mandato familiar. Lo dejé todo para venir a vender semillas (risas). Los años de traspaso fueron bastante difíciles. Pero la llegada de Gaia nos había hecho replantear dónde queríamos criarla. Ella fue el impulso, el motor para salir y dejar todo. A Neri le encantaba Mar de las Pampas y a los dos nos cautivó la propuesta de “ciudad lenta”. Y  pensamos qué acompañaría bien a ese slogan y nos decidimos por la alimentación. Primero con una almacén de granos, tipo dietética y más tarde, el restaurante.

-         ¿Ya eran vegetarianos?

-         (N) Él ya había empezado con el vegetarianismo y yo, como estaba embarazada, seguí consumiendo carne por recomendación de la obstetra. Pero no le hice demasiado caso porque ya rechazaba la carne. Siempre me gustó cocinar y después me fui interiorizando con la comida vegetariana, hice cursos, me informé.

-         (A) Pero el restaurante vegetariano no era algo que teníamos planeado, se fue dando. Las primeras personas que comieron acá, lo hicieron en el almacén. Me acuerdo que teníamos una mesita y nos pidieron que les hiciéramos algo de comer, le cocinamos uno de nuestros platos en casa y se los servimos. Ahí empezó todo.


"Antes me trataban como a un loco y ahora me dicen: " qué bien que la hiciste!.¿ no necesitás un mozo?"

-         ¿Por qué eligieron el nombre de Samsara para el restaurante?

-         (A) Es una palabra sánscrita que significa la rueda de la vida. En el hinduismo es el eterno ciclo de renacimientos y muertes . Cuando al momento de morir, uno está muy apegado a la vida material, vuelve a reencarnar en esta vida. Si uno no tuviera estos apegos pasaría a otra fase, por decirlo de alguna manera. Y como éste es un comercio en el medio de la naturaleza, me pareció apropiado.

-         ¿Tienen un público vegetariano?

-         (A) Hoy se dice “vamos a comer comida vegetariana” como una opción más, no es exclusivo del vegetariano. Es un estilo de comida propio, con identidad, que ya trasciende. Esta comida está hecha con una mano de conciencia única, sólo así lográs el sabor, la textura y el color que tiene. Es absolutamente fresca, si no tiene la frescura del día pierde intensidad y sabor.

-         (N) Te juega en contra porque muchos creen aún que la comida vegetariana es aburrida, o una lechuguita sin condimentos. Ya no es así. La persona que viene y es carnívora –de hecho tenemos muchos clientes carnívoros– también se va contenta. Muchos vienen para salir de la rutina y comer algo distinto. Y lo bueno es que vuelven. Por eso, también hacemos viandas para los residentes, que pueden ser semanales o mensuales. Y en temporada vendemos sándwiches en la playa, con pan que hacemos nosotros y productos súper frescos. Y nos va muy bien, porque no todos quieren comer panchos o empanadas.

"Mi lugar dentro de la Argentina es Mar de las Pampas. Y si la vida me lleva a otro lugar, sería una playa calentita"


-         ¿Tuvieron miedo de dejar la seguridad y empezar de cero y con una beba?

-         (N) No, yo sabía que de alguna manera u otra se sale adelante. Sobre todo cuando uno tiene ganas. Si sos emprendedor, no parece algo imposible de lograr los objetivos, los sueños.

-         (A) Yo sí tuve miedo. Tenía veintiséis años, una estabilidad y, de repente, tuve mujer, una hija, una nueva realidad. Dejé a mi madre, a mis hermanos, un círculo de contención. Con el miedo, si hay acción, no pasa nada. Pero, de repente, las cosas no salían bien y el miedo surgió y fuerte. Pero, aquí estamos.

-         En algún momento, pensaron en volver?

-         (A) Nunca hubo dudas. Siempre jugamos con algo: si nos vamos de acá, nos vamos más lejos.

-         (N) Soy una convencida de que cuando uno le da vuelta a la rosca, siempre hay una salida. El problema es cuando uno se paraliza, porque no hacés nada. La despensa no funcionaba, decidimos cerrarla y apostamos más fuerte: a la gastronomía. Estudié nutrición y reeducación natural, técnica dietética, hice múltples especializaciones. Me preparé. Encontramos la vuelta para ver de qué manera seguir con los mismo y no quedarse. Porque es como el agua, cuando uno se estanca, se pudre.

"Hoy la comida vegetariana entra en la carta de cualquier persona."


-         Cuando se instalaron, ¿cómo fue la comunidad de la aldea? 

-         (A) Es bastante cerrado todo. Uno viene con el preconcepto de que la gente que vive en un entorno natural es muy abierta. Y es totalmente lo opuesto. “A ver  si pasan el primer invierno” era lo que más nos decían. Eran más bien pálidas. Hasta que hicimos nuestro grupo de amigos, de gente conocida.

-         (N) Si bien veo que la gente es cerrada, creo que es por una cuestión de la energía del bosque. En otoño, invierno y parte la primavera, el frío te lleva a estar dentro de tu casa, calentito. Pero también pasa que cuando hay que movilizarse, la gente se moviliza. También es cierto que nosotros estábamos recién mudados, con una beba, necesitábamos fortalecer la pareja y eso hizo que no salgamos. Hay varios factores.

-         (A) Estoy pensando que es algo muy fuerte el extremo invierno y la extrema temporada. Durante la temporada  y la previa no hay tiempo para desarrollar otras actividades y fortalecer amistades. Uno tiene que concentrarse en esos meses de trabajo intenso. Y cuando termina, querés estar tranquilo, descansar, ver poca gente.

-         (N)También es cierto que acá en invierno, todos los días son domingo.
 -        (A) Sí, las relaciones son distintas. Uno comparte más, los tiempos son más extensos. Nos juntamos, tomamos mate, uno amasa un pan y de repente, entre todos hacemos la comida o llevamos cosas para compartir.

-         ¿Cómo ven el crecimiento de Mar de las Pampas?

-         (N) Creo que todo el mundo tiene derecho a salir de las ciudades y que la gente pueda disfrutar de un lugar como éste. No estoy de acuerdo con eso de creerse el dueño de un espacio sólo por que hace tiempo que vive aquí o porque hace más de diez años que viene. Además, Mar de las Pampas mantiene eso de no tener una casa pegada a la otra. En la cuadra que estamos nosotros, somos varios los que vivimos permanentemente y no nos molestamos, conservamos nuestra privacidad.

-         (A) El crecimiento es inevitable pero hay que acompañarlo con mucha cordura en el momento de la expansión. Lo fundamental es que se mantenga el espíritu de la aldea: las calles de arena, la no iluminación, es decir, cosas que no contaminen el futuro. Pero bueno, hay proyectos económicos que lo exceden a uno.


Fotos: María Angélica Pérez
-         ¿Qué le dirían a alguien que quiere instalarse en Mar de las Pampas?

-         (N) Que se arremangue (risas) y que venga dispuesto a trabajar. Hay que poner en la balanza qué es lo que quiere: si  vivir en Buenos Aires con un sueldo fijo, pero estresado, o vivir acá, tranquilo pero sin saber cuánto dinero entrará.

-         (A) Antes de venir, uno tiene que saber por qué quiere ese cambio, por qué patea el tablero, porque si no lo tiene en claro, es posible que flaquee al poco tiempo. En cambio, si sabe por qué lo hace, pase lo que pase, sigue en el camino. 

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