17.12.13

Mónica García: la mujer que entiende a los árboles



Conoce el nombre y las particularidades de todas las plantas y árboles de Mar de las Pampas y de Villa Gesell. Está convencida de que las plantas nos escuchan, que reaccionan a la luz y a la música, que pelean entre ellas, o se buscan, o se aman: viven. Y Mónica García está desde hace años enamorada de esa vida.
Cuando camina el bosque, no soporta pasar junto a una botella de plástico, o a cualquier otro desecho que arrojan los desaprensivos, y no levantarla. Hace lo que otros sólo proclaman: cuida ese espacio verde y único que nos rodea. Recuerda con especial cariño uno de los libros de Gabriel García Márquez. "El  amor en los tiempos del cólera" y se emociona cuando escucha la inconfundible voz de María Callas.
Desde hace más de quince años, Mónica es una de esas vecinas que ama esta aldea, que la conoce, la cuida y la protege. Es mamá de Laura, “una hija del campo” y de Valentino, “un hijo del bosque” y abuela orgullosa de dos nietos: Caterina y Benjamín. 
No cambia por ninguna otra la casa de troncos que su marido, Alfredo, construyó con sus propias manos. Es guía del Museo Histórico y Pinar del Norte de Villa Gesell y del Sendero Botánico de Mar de las Pampas.
Habitualmente en temporada, y en días a consultar fuera de temporada, organiza, encara, dirige y regala un paseo especial, cálido y erudito sobre la flora salvaje y curiosa de nuestra aldea. Es un paseo imperdible que enseña a ver lo que a menudo sólo miramos.

¿Cómo llegaste a Mar de las Pampas?


-Antes de venir a vivir a Villa Gesell, vivimos casi diez años en el campo, en la zona de Pilar, entre 1984 y 1994, cuando todavía era campo. Allí, junto a Alfredo, mi marido, criamos a Laura, nuestra primera hija. Y allí nació mi hijo Valentino. Y fue en ese momento que nos plateamos la posibilidad de mudarnos. Yo trabajaba en el parque industrial de Pilar como secretaria del administrador, y  quería tener más tiempo para mi familia. Y además, por esa época se estaba por instalar un basural a cielo abierto, un gran negociado, a metros de casa, donde teníamos un agua excepcional, un tanque australiano en el que nos bañábamos. Comenzó una movilización vecinal y si bien salimos triunfantes, nos desgastó mucho y sentimos que había llegado el final de una etapa.

Mónica García: "Por un lado el bosque, por el otro lado, la playa: es lo más fascinante que tenemos".

-¿Y porque decidieron que era el mar?

-El planteo fue: si no es el campo es el mar. Alfredo hizo un curso de timonel, compramos un bote semi rígido -que todavía tenemos- y pusimos en venta el campo, que se vendió muy rápido. No sabíamos dónde instalarnos, pero como conocíamos Villa Gesell, pensamos que podía ser un lugar posible. Alfredo vino a hacer un estudio de mercado para ver casas, escuelas, posibilidades de trabajo. Y en uno de esos viajes conoció Mar de las Pampas. No había absolutamente nada y le encantó. Sólo estaba “la matera” que estaba instalada en el antiguo vivero.

-¿Qué era la matera”?

-Era un lugar muy lindo, muy cálido, era una casa de mate. Te reunías, te ofrecían mate, plantines, artesanías; charlabas con los otros habitantes y los que estaban al frente eran Pablo y Gabriela. Era un lugar de encuentro, inolvidable.

-¿De alguna manera quemaron las naves?

-Sí. Alfredo es escritor y recuerdo que dijo: “Voy a escribir durante todo el año y, en verano, voy a pescar en el bote, traemos el pescado y lo comemos fresco…” Y esa idea me fascinó. Lo que más me gustaba era tener tiempo y una casa.

-¿Dónde se instalaron?

-Primero alquilamos una casa en Villa Gesell, en el Barrio Norte.  Vinimos el 21 de junio del 94. ¡Con un frío!, pero yo estaba chocha. Llovía y no se inundaba la casa, como pasaba con la anterior. Valentino tenía nueve meses y estábamos contentos, con proyectos. La alquilábamos, con la idea de comprar una en el futuro. Pero en ese momento no teníamos idea de que íbamos a terminar en Mar de las Pampas. Vivimos un año y, en ese ínterin, hice un curso para ser guía de museo. Era un curso de historia cultural y natural de la región. Lo tomé con tanta pasión y entusiasmo que tuve la suerte de quedar seleccionada en el primer plantel de guías que tuvo el Museo Histórico y Pinar del Norte. A los tres meses ya tenía trabajo.

"Teníamos un autoplan que no podíamos pagar. Y lo cambiamos por un lote aquí: así nos instalamos".

-¿O sea, que Mar de las Pampas todavía no estaba en los planes?

-En realidad lo que teníamos era un autoplan, que no podíamos seguir pagando. A través de una inmobiliaria pudimos cambiar ese autoplan por un lote acá. ¡No se puede creer! Y así compramos el lote y mi marido, con sus propias manos, hizo nuestra casa. Y todavía no está terminada (risas)

-Casi una película…

-Es una cabaña con troncos y cortezas de pino. Preciosa, divina y a la que amo profundísimamente. Nos mudamos en diciembre del 96 y desde ese momento, empecé a tener mi propio jardín, mis propias plantas. El bosque era nuestro. Siempre digo que Laura es la hija del campo y Valentino es el hijo del bosque. Me acuerdo que era chiquito y colgaba de los árboles, unos cartelitos que decían: "Cuide los árboles". Él se crió y creció en Mar de las Pampas.

-Hablas de plantas, de árboles ¿cuándo empezaste a ser la guía del Sendero Botánico de la aldea?

-Cuando en el 2000 se formó la Sociedad de Fomento, fui una de las promotoras de su creación, propuse hacer un sendero y todos estuvieron de acuerdo. El primer trazado incluía el vivero histórico, que todavía estaba en pie. Cuando lo tiraron, tuvimos que cambiar el recorrido. Pero no me costó mucho diseñarlo porque, sobre la calle Carlos Gesell, había muchísimas especies sembradas por el viento:  era la calle, emblemática, por la que se transportaban todos los plantines hacia su lugar definitivo. De manera que sólo tuvimos que señalizarlas y todos los vecinos colaboraron. A los tres meses ya estaban colocados todos los cartelitos. Inauguramos el sendero el 14 de febrero de 2004.

"Mi trabajo es crear conciencia para que cuidemos el bosque. Allí donde la gente ve un yuyo, hay una flor autóctona".

-¿Cómo ves ahora a Mar de las Pampas?

-Y... Todo cambió. Y cuanta más gente hay, más cuesta la vida diaria. Son muchas mentalidades, muchos proyectos diferentes. Pero más allá de eso, la veo linda, para mi sigue siendo el lugar en el mundo. No la cambiaría por nada. Igual que a mi casa, no la dejaría ni por la más linda, me gusta la mía, es mi refugio. No te puedo explicar la sensación que tengo cuando después de un día de trabajo, vuelvo a mi casa.

-¿Qué cosas hay que mejorar?

-El comercio ha crecido de manera muy caótica. Habría que hacer una planificación de este lugar turístico para que sea sustentable. Porque se trata de conservar las características que hacen que la gente elija este lugar. Como esto es macro, es bastante difícil; yo diría que el granito de arena que pueda aportar cada uno, es tomar conciencia de los privilegios que tenemos acá, que no son los del dinero. Este es un lugar privilegiado por esta naturaleza e historia que tiene. Mi granito de arena consiste en hacer que estas visitas al sendero botánico creen conciencia. Cuanto más conocés el lugar, más lo querés cuidar y más lo amás.

-Durante la temporada la limpieza y la acumulación de basura fue un problema 

¿Cómo crees que se puede solucionar?

-Creo firmemente que en la medida que la población estable de el ejemplo al turista, éste lo va a imitar y se va a comportar de la misma manera. Si nosotros somos los primeros en tener los cestos rotos, sucios o la basura tirada, la gente que viene por unos días hará lo mismo.

"Tendríamos que hacer una planificación para que Mar de las Pampas sea sustentable y que la gente nos siga eligiendo"

-¿Qué consejo le darías a alguien que quiere instalarse en la aldea?

-Lo primero que hay que tener es decisión. Sacarse los miedos y tener confianza en las propias fuerzas y en los propios proyectos. Por supuesto que hay gente que, por su trabajo y su formación, tiene más posibilidades y así corrés con ventaja. Pero lo más importante son las ganas de vivir en un lugar como este. Una pregunta que me hace todo el mundo: “¿Cómo son los inviernos? Son horrorosos, ¿no?" No, son maravillosos, les contesto; tenemos un colchón de árboles único, calles sinuosas que hacen que el frío se sienta menos, por ejemplo, que en Villa Gesell. Sugiero que  si realmente tienen muchas ganas de instalarse, lo hagan: se puede. Siempre y cuando uno esté bien con uno mismo. Si te gusta el silencio, la soledad, la lección de la naturaleza, recorrer la playa en otoño, y... bueno, entonces te va a ir bien.


Fotos: Alberto Amato




4 comentarios:

  1. Nuestra felicitaciones !!! Monica en mi proxima visita, descubrire el bosque, cuando estuve hace unos años no tuve la oportunidad de recorrerlo, conociendo tu maravillosa labor, tu pasion y entusiasmo me invita a visitarlo. Muchas gracias por preservar y despertar conciencia entre todos, colaborando cada uno desde su lugar, los cambios positivos se pueden generar. La naturaleza puede vivir sin el hombre , nosotros dependemos de ella. Roxana Stetson

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    1. Roxana, gracias por pasar por el blog y por tu valioso comentario. Y la próxima no te pierdas el paseo por el Sendero. Es un verdadero placer conocer a Mónica. Saludos

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  2. Tocaba hasta pensamos = ! Como me gustaría conocerte! Ojalá la vida me de el regalo de estar alli!
    Monica te felicito, un gusto enorme leerte! Encantadora nota gracias. X este regalo besos

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  3. Monica, una genia, sabe todas las historias de arboles y hojitas, y se las explica con dulzura a niños y adultos

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