6.2.14

Liliana Chernicoff: "Vivir en el bosque es maravilloso"




Vive rodeada de pinos, esculturas, cipreses, cerámicas, acacias, resinas, ginkos y cuadros. Su casa-taller “Lavanda”, en Mar Azul, no pasa inadvertida en el medio del bosque. Es más, invita a conocerla. Allí vive Liliana Chernicoff, mamá, abuela, artista plástica y una de las entusiastas organizadoras del “Encuentro de las artes, Mar de las Pampas,  Mar Azul, Las Gaviotas” y de "El camino de las artes".

“Conocí este lugar de casualidad en el 94 -recuerda Liliana- Nosotros jamás veraneábamos en la costa. Estábamos por viajar al sur a comprarnos un terreno porque nuestra zona preferida era la de los lagos, pero al final se complicaron los días y no pudimos ir. Entonces un amigo nos presta una casa en Villa Gesell y nos dice: ‘Vayan por allá, que creo les va a gustar”. Y vinimos a ese "allá” a dar una vuelta, de pronto vemos una casa de vidrio enclavada en el bosque y nos enamoramos. Nos daba el presupuesto y ya… Fue un flash. Algo mágico. ¿Sabés lo que era ver una casa de vidrio rodeada de pinos  y nada más?. Después nos enteramos que fue construida por el arquitecto Roberto Busteros.



-         ¿Vinieron a vivir enseguida?

-         Diría que son dos etapas. Durante diez años íbamos y veníamos, cada vez con más frecuencia. Y nos quedábamos más días. Vivíamos en Avellaneda, trabajaba como docente de arte en la Casa de la Cultura y en Imepa (Instituto Municipal de educación por el arte). Y también en mi taller. En 2001  un amigo, Floreal, que se iba a Francia me ofreció su casita para que empezara a mostrar algunas de las cosas que hacía. Me entusiasmé muchísimo, me gustó la idea. Como frente a su casa había una planta de lavanda enorme, la bauticé “Lavanda”. Pero unos días antes de que abriera, la casita se vende. Algo quería hacer. Entonces, ese verano, abrí el taller en el comedor de mi casa. Para mi sorpresa funcionó muy bien, sobre todo porque no era un lugar al que llegabas fácilmente. La verdad es que la gente casi llegaba con una guía de turismo.

-         ¿Y cuándo dijeron: “Nos instalamos”?

-         Crisis mediante del 2001, mi marido, bioquímico, dirigía un hospital que cada minuto estaba peor.  Durante el verano decidimos venir y probar. Pedí una licencia sin goce de sueldo. Probamos y ya no quisimos volver. De modo que no fue un cambio abrupto, fue gradual,  ya conocíamos gente y de a poco nos fuimos arraigando. Fue un hermoso proceso.



-         ¿Cómo es vivir en el bosque?

-         Es maravilloso. En lo personal, tengo una casa soleada, calefaccionada, que hace que el invierno también sea lindo .En esa estación ‘te metés para adentro’, trabajás, estás con tu gente. Es como tocar el cielo con las manos, es bárbaro. Tenemos dos cabañas y dos loft que alquilamos, y trabajo en lo que me gusta.

-         ¿Cómo es un día tuyo en invierno?

-         Soy muy trabajadora en mi taller, desde que me levanto. Soy metódica porque la escultura es muy ardua: es difícil que puedas empezar algo, dejar y seguirlo a la semana siguiente. Cuando estás con una obra grande necesitás una metodología de trabajo constante. Me levanto, trabajo, almuerzo, sigo trabajando, veo pelis, leo, me acuesto y me vuelvo a levantar muy temprano. Me gusta cuidar mis plantas y mi huerta. Y así se pasan los días. Además, todos las mañanas, a las siete y media, camino hasta el mar,  voy por la orilla, hago las reverencias pertinentes. Ahora me gusta mucho el mar y caminar sola. Antes me atraía más el bosque.

-         ¿Extrañás algo de la ciudad?

-         No, creo que no. Mejor dicho: no. Cada tanto voy, hago un tour por las muestras que me interesan y ya está. Sí, me gusta viajar, conocer nuevos lugares, otras culturas. En eso gasto lo que tengo y lo que no tengo. Me gusta que los viajes sean una mezcla de cultura y de naturaleza. El año pasado fui invitada a una muestra en Lille, Francia y de ahí fui a Marruecos. Es todo muy movilizador. A partir de un viaje a México empecé a incorporar una coloración diferente. Usaba tonos tierras, más apagados y ahora estalló todo.



-         ¿Con qué materiales trabajás?

-         Me gusta modelar el cemento. que ningún modelo sea igual a otro. Hago series, como por ejemplo“Aparecidos”, que está en el jardín de casa. Y como todos los artistas, tengo algunos temas reiterativos: el mío tiene que ver con el equilibrio, el equilibrio como concepto de vida. Empecé a buscar algunos materiales que no pesaran, para jugar con ese concepto, y así llegué al poliuretano expandido, que me permite hacer figuras muy livianas y que se mueven todo el tiempo. También hago cosas utilitarias en cerámica y usé resina poliéster, que es un material muy interesante, pero tóxico. Fue un desafío que me planteé en un momento pero ya está. Sé que lo puedo hacer y di vuelta la página.

-         Entre tus creaciones hay muchos cuerpos…

-         Empecé  a estudiar, simultáneamente  Bellas Artes y el profesorado de Expresión Corporal en el Collegium Musicum, eso explica que haya tantos cuerpos en las figuras que hago. Me salen naturalmente. Para no crear un cuerpo, tengo que hacer un gran esfuerzo.



-         ¿Alguno de la familia sigue tus pasos?

-         Mi hijo Pablo es ceramista, mi hija Anahí se inclinó por la medicina. Y de mis nietos Martina( 11) y Santiago (5), es a mi nieta a la que gusta mucho la actividad artística, pinta acrílico, hace cerámica y desde hace dos años participa en el “Encuentro de las Artes”. El más chico es un atorrante ( sonrisa de oreja a oreja).

-         ¿Qué le dirías a alguien que sueña con venir a vivir acá?

-         A todos les digo lo mismo: ‘Alquiláte una casa durante el invierno y probá, fijate qué te pasa’. Porque somos todos diferentes y cada uno disfruta de distintas cosas. A mi, por ejemplo, me encanta el invierno y lo paso muy bien. Pero no es lo más común.




-         En el futuro ¿te ves en este lugar?

-         Sí, me veo acá.  Lo que no puedo ver es cómo es el futuro del lugar. Si se va a detener este crecimiento alocado o no. En lo personal se que tengo mi mundito, pero no se qué va a pasar alrededor. También pienso que no me gustaría vivir en una ciudad, me costaría. Pero, aquí y ahora me veo atornillada en este bosque y cerca del mar.

Algunas de sus creaciones






Fotos: María Angélica Pérez


2 comentarios:

  1. Muy lindo lugar, muy linda la obra, tuve oportunidad de conocer ( aunque no a Liliana) y sus palabras reflejan ese particular lugar en el mundo...

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  2. muy hermoso el reportaje Lili, buena síntesis y bien sintonizado con las imagenes, abrazo grande amiga!!!

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