25.2.14

¿Quién fue el Padre Cardiel?

Llegó al país cuando el país no era. Era un jesuita vasco, tozudo, empedernido, incapaz de decirle no a una misión o de dejarla sin cumplir. Además de sacerdote fue teólogo, filósofo, cartógrafo, caminante y aventurero; creía, cómo no, que los indios de nuestras tierras debían ser evangelizados. A eso vino. Y a convertirse en el jesuita que mejor conoció este país que todavía no se llamaba Argentina.



 Una de las principales calles de Mar de las Pampas lo honra y lo recuerda: la calle hace lo mismo que hizo el cura, unir pueblos. Padre Cardiel nace en Virazón y llega hasta la Avenida Almirante Brown, donde el camino se abre hacia Las Gaviotas y hacia Mar Azul. Es una de las más transitadas, lo que haría las delicias del jesuita, cobija el andar del ómnibus 504, de la empresa que evoca al último querandí y es por Padre Cardiel por donde los autos se animan a levantar la velocidad.
El cura nació en marzo de 1704 en la Guardia, ciudad que compone las provincias Vascongadas, en España. Llegó a Buenos Aires cuando tenía apenas veinticinco años y recorrió medio virreinato, desde Guairá, al norte de Asunción del Paraguay, hasta las reducciones del sur bonaerense. En 1731 era párroco de las misiones jesuíticas guaraníes. En 1743, sus superiores, le encargaron reforzar la presencia religiosa en las flamantes misiones de Abipones y Mocovíes de Santa Fe y Chaco. Y allí fue el cura, sobre un gran carretón con techo de lona, caballos, bueyes y alimentos para unos cuantos meses y, a modo de adelanto del mundo virtual del siglo XXI,  un altar portátil que contuviera ruegos, confesiones y anhelos de las almas por salvar.
En 1745 debió hacer un viaje a los mares del sur, junto a otros religiosos: orden del Rey. La misión era reconocer la costa atlántica del sur de la provincia de Buenos Aires. Así fue como el padre Cardiel, que era caminante, se hizo marinero. Se embarcó en la fragata San Antonio, junto a ochenta hombres y navegaron, no muy alejados de la costa, hasta la Bahía San Julián. Los maltrató el tiempo y la falta de alimentos. Sin embargo, la aventura deparó grandes adelantos cartográficos y los primeros datos relevantes sobre la fauna y la flora de la zona.
El cura Cardiel descubrió un mundo nuevo, lejos de la tierra colorada de las misiones del norte. De modo que hizo varias incursiones terrestres, basta de aventuras marineras,  a las llamadas misiones Pampas, para abastecerlas de víveres y  para trazar y reconocer caminos. Llegó hasta Río de los Sauces, en Río Negro.
En 1768, los jesuitas, que también cargaban con su cruz, fueron expulsados de estas tierras. Cardiel llegó a Cádiz en la fragata “El Diamante”. Después viajó a Faenza, en el norte de Italia, donde fue consultor, escritor y cartógrafo. No sabemos si sus ojos sentían nostalgias de estas tierras que hoy lo recuerdan. Lo golpeó el reuma y una vida de caminante eterno por países desmesurados, sin nombre y sin caminos. En una de sus últimas cartas lanzó un presagio sin quejarse: “Mucho he tardado en terminar esta carta. El escribir, el leer y el estudiar, me fatigan grandemente aunque no tanto como el tener que hacer cosas materiales. Ya estoy en los ochenta y un años, o más bien en los ochenta y dos. Ya se avecina el día de mi desaparición, ya he recorrido el camino de la vida, ya he peleado la batalla de este mundo”.
El padre Cardiel murió en Faenza, en 1782.

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