24.10.13

Silvina Russo: "Conocí este lugar por amor"

Silvina en su taller de arte. "Soy muy permeable al entorno y eso sale en los laburos que hago".


Vive en la calle Martín Fierro, una de las más lindas de la aldea, rodeada de pinos, eucaliptos y pájaros. Sobre un atril, un romántico cartel en madera, con letras pintadas a mano, anuncia que detrás de esa  tranquera se aprende a pintar la vida y a jugar con los colores. Porque todos los colores tienen permiso en la casa de Silvina Russo. Esta artista plástica que hace veintidós años vive en Mar de las Pampas, junto a su marido Cristóbal, su hija Lena, tres adorables perros y cuatro gatos.

- Terminé de estudiar en la Prilidiano Pueyrredón (Escuela Nacional de Bellas Artes) y me vine para acá -recuerda Silvina-  Conocí este lugar por amor, por una relación de pareja. Había conocido al que hoy es mi marido, un gesellino que ya tenía ganas de “correrse” de Gesell porque estaba muy cambiada y queríamos algo más tranquilo. Durante cuatro años mantuvimos la relación a distancia. Si bien soy de Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, yo estaba viviendo en pleno centro de la Capital y no dudé en venir.


"Mi hija Lena creció rodeada de bosque, de naturaleza. Criarla acá fue ideal, hasta que empezó la escuela".

- ¿Cómo era Mar de las Pampas en los años noventa?

- Esto era precioso. Sólo éramos seis familias, no había luz eléctrica. Era esta casa  y el bosque. Caminabas por atajos, marcabas senderos, no ibas por una calle. Era como vivir en el bosque. Teníamos caballos y nuestro corral estaba aquí enfrente, también tuvimos gansos. Todo eso se perdió. Me acuerdo de esa Mar de las Pampas y si bien está en mis recuerdos, me cuesta conectarlo con esta de ahora. Por ejemplo de acá hasta la playa (son aproximadamente tres cuadras) no había ni una casa, era todo salvaje, eran pajonales, naturaleza pura, plena.

-  ¿Y después?

- Bueno, después llegó una etapa de mucho cambio y  transformación. El duelo ya está hecho. Ese sufrimiento de decir: "En la esquina hicieron esto; en la otra cuadra, aquello". Ya está, me adapté. Se construyó rápido y en muchos lotes. Y se sigue construyendo porque hay como una segunda etapa: desaparecen las pequeñas casas y, de pronto, surgen casas gigantes. Eso no me entusiasma mucho, pero es una realidad. Igual, Mar de las Pampas me gusta. Me sigue gustado porque es realmente linda.


"Me acuerdo de Mar de las Pampas en los años 90 y me cuesta conectarla con la de hoy. Pero ya está, ya me adapté".

-  Hace unos años había muy poca gente estable ¿Pudiste trabajar como artista plástica?

- Durante diez años di clases en “Casa de la Cultura” en Villa Gesell, porque acá no pasaba nada, no había nadie. Daba talleres con modelo vivo para niños y adultos.Después cambiaron las autoridades y se cortó. En el '95 , también, empecé a dar clases en la escuela de Mar Azul.  Era una comunidad muy pequeña, imagináte, en la escuela, de primero a séptimo grado, había diez alumnos. Era como una escuela rural y fue una linda experiencia. Finalmente comencé a trabajar en mi taller.


- ¿Estar rodeada de bosque te favorece a la hora de pintar? 

-Creo que lo más importante, al menos a mí me pasa, es estar en un espacio en el que me sienta cómoda. Donde sea, pero que lo sienta bien. Soy muy permeable al entorno y eso influye en lo que sale cuando pinto, en los laburos que hago. Es como un intercambio con el exterior. 


Silvina en la puerta de su casa-taller, rodeada de pinos, lavanda, arte, tres perros y cuatro gatos.

- ¿Tenés contacto con otros artistas? 

- Hace unos años Liliana Chernicoff me convocó para el “Encuentro de las artes”. Este año se hará el octavo encuentro "Marea, manto colectivo" y participo en la organización desde el segundo. Hasta el día en que me convocó Liliana en Mar Azul, era la soledad misma. Pero ya me había acostumbrado a no tener intercambio porque la otra, era exponer en Buenos Aires. Y las dos veces que lo hice fue casi épico, eso de viajar con cuadros grandes, gastar más de lo que podías ganar. Y agotador. Pero, por suerte, ahora los artistas y artesanos estamos más comunicados. A partir del año pasado me incorporé a un recorrido que se llama “Camino de arte y artesanías”. En un folleto hay un mapa con puntos destacados  que indican dónde tienen su taller los pintores y los artesanos. La idea es que la gente recorra, nos conozca, vea lo que hacemos. Desde el verano pasado mi taller está abierto para el que quiera venir a chusmear lo que hago y está buenísimo. Es muy lindo. 


"Participo de la organización del Encuentro de las Artes desde el segundo encuentro. Y ya vamos por el séptimo"

-Tenés una hija adolescente ¿Cómo es criar un hijo acá? 

- Hasta que comienzan la escuela es ideal, un placer. Creció rodeada de bosque, naturaleza. A partir del cole, teníamos que llevarla a Gesell y antes sólo había dos colectivos por día. Era complicado. Yo tenía la fantasía que, a determinada edad, iba a poder dejarla ir a todos lados más libre- Pero cuando podría haberlo hecho, por todos lados había obras en construcción, por ejemplo. Es decir, comenzó a haber un movimiento de gente que nos resultó inesperado. No tenía demasiadas amigas… Ya me pasará la factura. Ahora ya está más grande, más independiente, van y vienen sus amigas de Gesell. 

-¿Imaginás tu futuro en Mar de las Pampas? 

-No todo el tiempo o todo el año. Una parte sería en Cachi, Salta, que es muy lindo. Ideal para pasar los inviernos porque aquí son difíciles. Mi marido está haciendo viñas. También se dan muy bien las legumbres como los porotos. Pero cuando empiezan  los días de sol, nos venimos para acá. En verano, es fantástico.


Silvina y una tranquera que se abre al arte.


Genio y figura



        







Fotos: Alberto Amato














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