17.3.14

Silvia Bodega: "Hay que seguir lo que indica el corazón".



Buscaban una casa por las calles de la ciudad de La Plata, donde vivían, criaban a sus tres hijos y trabajaban. Pero encontraron un refugio varios kilómetros más al sur. En Mar de las Pampas y a dos cuadras del mar. Era el año’96 y Silvia Bodega, junto a su marido, decidieron conocer un poco más allá de Villa Gesell y llegaron al bosque de la aldea. Se dejaron llevar por los caminos de arena y en una de sus callecitas vieron que una casa de ladrillo a la vista y techo de tejas estaba a la venta. ¿Y por qué no? se preguntaron casi a coro este matrimonio de docentes: ella maestra, él profesor de Letras. Llamaron al teléfono que figuraba en el cartel y comprobaron que cumplir el sueño era posible.
“Nos encantó- recuerda Silvia- Hablamos con el dueño y así nos enteramos de que, si bien por fuera la casa parecía terminada, no era tan así. Le faltaba revoque, piso, instalaciones. Era accesible, estaba a nuestro alcance, pero teníamos dudas. Y me acuerdo que un día estábamos escuchando a Gaetano Veloso y dijimos: ‘Vamos a meterle con esto’. Y compramos la casa”.

-         ¿Cómo fue el cambio?
-         La idea original era alquilar un departamento en La Plata y venir acá todo lo que pudiésemos. Pero en el verano de 2000-2001 nos decidimos y armamos todo para mudarnos. Me anoté en el Consejo Escolar de Villa Gesell, mi marido renunció a su puesto en la Legislatura y empezó a trabajar con mi cuñado, que es veterinario, y en un local de venta de alimentos. Nos vinimos con dos de mis hijos Manuela y Pedro, porque Mariana, que es la mayor y en ese entonces tenía 16 años, quiso quedarse en la ciudad con su abuela.

Silvia, en el living de su casa, rodeada de libros, guitarra, salamandra y canasta con piñas del bosque.

-         No habrá sido fácil…
-         No. El primer año fue un poco duro y sobre todo el frío del invierno. A la casa la habíamos terminado  como para venir de vacaciones, no estaba bien calefaccionada y le faltaban cosas. Si ahora, a cuando llueve, las calles son complicadas, antes lo eran mucho más. Y yo tenía que ir hasta la Escuela 6 en el barrio “La Carmencita” de Gesell. Iba con un autito viejo, pero llegaba igual. Siempre me cargaban porque iba a como diera lugar, mientras otros profesores, cuando llovía, llamaban y decían: 'Hoy no se puede ir´. Ahora trabajo en la escuela de Mar Azul.

-         ¿Se encara distinta la enseñanza ante un grado con chicos de un centro urbano y otros que viven a cuadras el mar?
-         El contenido y el diseño curricular es el mismo. Pero los chicos acá son más tranquilos. Hay una canchita de fútbol y los varones juegan divinamente. No hay  nunca un problema. El año pasado tuve sexto grado y cuando terminamos el año fuimos al Faro Querandí y, a la vuelta, nos quedamos en el camping “Casablanca”, donde vive uno de los alumnos con sus papás y sus hermanitos. Fue una experiencia muy linda y sobre todo ver a ese chico que vive en absoluta relación con la naturaleza: junta ramas, piñas, escucha el mar. Vivir acá tiene eso, pero no tiene lo otro que también está bueno: el cine, el teatro. Si bien acá hay una movida cultural con talleres de arte, hace falta  una movida cultural-social podría decirse.

Una maestra apasionada por lo que hace. En una de sus bibliotecas: libros, recuerdos y fotos.

-         ¿Los chicos disfrutan de tener el mar a tan cerca?
-         En “La Carmencita”,  que es un barrio de gente de trabajo, a la vuelta de las vacaciones preguntás: ‘¿Fueron a la playa este verano?’ y es bastante habitual que te contesten: ‘Fuimos dos veces con mis tíos’. Porque, claro, los padres trabajan en temporada y este barrio está a veintidós cuadras del mar, no es tan cerca para que un chico vaya solo.

-         ¿Es bueno el ida y vuelta con los papás?
-         Nunca tuve problemas. Además, antes que con los padres, siempre trato de conversar con los chicos. Como en todos lados hay papás que están siempre y otros más ausentes. Y por lo general, si hay un chico con problemas, es más difícil llegar a los papás. Por algo tiene problemas. Pero esos casos son los menos. Siempre hay alguien que te acompaña si hay una excursión o para hacer las hamburguesas en el campamento. Y para hacer la remera de egresados vinieron unos papás que hacen serigrafía e hicieron unas estampas divinas. También es interesante una jornada que hacen un domingo cada tanto para mantener la escuela y se arreglan rejas, carpintería o lo que sea.

"Antes que con los padres, siempre trato de conversar con los chicos".

-         Termina la temporada, se va la gente, ¿cómo es la relación entre los  que quedan?
-         Y hay tardes que decís ‘¿Pero no cae nadie de visita?´ Antes de venir uno tiene la fantasía que en un lugar así y con otros tiempos, la gente se ve seguido. Y la verdad, no nos visitamos mucho. Me veo más con la gente que viene por unos días a su casa que con los que viven permanentes. Y es gente macanuda, pero... no sé. Será que todos los que vinimos acá llegamos para estar solos o alejarnos de algo. Pero no lo sé. Me lo pregunto muchas veces. Quizá tenga que ver que todos vinimos de grandes, con vidas hechas y por algo te venís acá.

-         ¿En el futuro, te ves acá?
-         Estoy muy bien, me encanta tener una casa a dos cuadras del mar, ir a caminar por la playa cuando tengo ganas. A veces, cuando voy camino a la escuela digo: ”Pero mirá por dónde estoy caminando!” Pero pienso que mi vejez no la voy a pasar acá.

-         ¿Y dónde?
-         En La Plata. Me fui quejándome de la ciudad y cada vez que vuelvo la veo linda, con montones de cosas por hacer y están los amigos de toda la vida. Mis hijas mayores están ya instaladas allá y cuando tenga nietos quiero estar cerca de ellos.

"Tenemos que pensar cómo parar la invasión del espacio público por parte de los privados"


-         ¿Cómo ves a Mar de las Pampas?
-         La invasión del espacio público es preocupante. Si uno pone un pelotero, el otro va y pone un pelotero con luces de colores. Hay una competencia de ofrecimientos desmedida. ¿Qué van a terminar ofreciendo: la zambullida personalizada? Mucha gente ve el espacio público como negación de lo privado. Piensan: es público pero no quiere decir que es de todos, sino que todavía ningún privado se avivó. Te dicen amamos el bosque, pero no les importa nada. A esta gente le interesa de dónde pueden sacar ventaja económica y el verso es: la gente quiere servicios. Hay mucho caretaje. Tenemos que pensar cómo pararlos.

Silvia junto a Fainá, su fiel perro de trece años que descansa sobre la pinocha.

-         ¿Qué le dirías a alguien que sueña con vivir en Mar de las Pampas?
-         Primero, que si alguien cree que a vivir acá será como la familia Ingalls, se equivoca. Si bien hay una naturaleza más salvaje, acá ya hay electricidad, Internet, celulares. Y creo que es importante buscar la vuelta de vivir donde a uno le gusta. Más allá de lo que los números y la economía indican como más favorable, hay que hacer lo que el corazón te dice porque, si es así, no hay arrepentimiento posible.


Fotos: María Angélica Pérez

2 comentarios:

  1. que buena entrevista, Sil
    buena maestra y buena compañera!!!
    un abrazo

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    1. Gracias Adriana! me alegra que te haya gustado. Nosotros estamos contentos de haber conocido a Silvia. Cariños.

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