Buscaban una casa por las calles de la ciudad de
“Nos encantó- recuerda Silvia- Hablamos con el dueño y así nos enteramos de que, si bien por fuera la casa parecía terminada, no era tan así. Le faltaba
revoque, piso, instalaciones. Era accesible, estaba a nuestro alcance, pero
teníamos dudas. Y me acuerdo que un día estábamos escuchando a Gaetano Veloso y
dijimos: ‘Vamos a meterle con esto’. Y compramos la casa”.
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¿Cómo fue el cambio?
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La idea original era alquilar un departamento en La Plata y venir acá todo lo
que pudiésemos. Pero en el verano de 2000-2001 nos decidimos y armamos todo para
mudarnos. Me anoté en el Consejo Escolar de Villa Gesell, mi marido renunció a
su puesto en la
Legislatura y empezó a trabajar con mi cuñado, que es
veterinario, y en un local de venta de alimentos. Nos vinimos con dos de mis
hijos Manuela y Pedro, porque Mariana, que es la mayor y en ese entonces tenía 16 años, quiso quedarse en la ciudad con su
abuela.
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| Silvia, en el living de su casa, rodeada de libros, guitarra, salamandra y canasta con piñas del bosque. |
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No habrá sido fácil…
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No. El primer año fue un poco duro y sobre todo el
frío del invierno. A la casa la habíamos terminado como para venir de vacaciones, no estaba bien
calefaccionada y le faltaban cosas. Si ahora, a cuando llueve, las calles son complicadas, antes lo eran mucho más. Y yo tenía que ir
hasta la Escuela
6 en el barrio “La Carmencita ”
de Gesell. Iba con un autito viejo, pero llegaba igual. Siempre me cargaban
porque iba a como diera lugar, mientras otros profesores, cuando llovía,
llamaban y decían: 'Hoy no se puede ir´. Ahora trabajo en la escuela de Mar
Azul.
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¿Se encara distinta la enseñanza ante un grado con
chicos de un centro urbano y otros que viven a cuadras el mar?
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El contenido y el diseño curricular es el mismo. Pero
los chicos acá son más tranquilos. Hay una canchita de fútbol y los varones
juegan divinamente. No hay nunca un
problema. El año pasado tuve sexto grado y cuando terminamos el año fuimos al
Faro Querandí y, a la vuelta, nos quedamos en el
camping “Casablanca”, donde vive uno de los alumnos con sus papás y sus
hermanitos. Fue una experiencia muy linda y sobre todo ver a ese chico que vive en
absoluta relación con la naturaleza: junta ramas, piñas, escucha el mar. Vivir
acá tiene eso, pero no tiene lo otro que también está bueno: el cine, el teatro.
Si bien acá hay una movida cultural con talleres de arte, hace falta una movida cultural-social podría decirse.
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| Una maestra apasionada por lo que hace. En una de sus bibliotecas: libros, recuerdos y fotos. |
- ¿Los chicos disfrutan de tener el mar a tan cerca?
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En “La
Carmencita ”, que es un
barrio de gente de trabajo, a la vuelta de las vacaciones preguntás: ‘¿Fueron a
la playa este verano?’ y es bastante habitual que te contesten: ‘Fuimos dos
veces con mis tíos’. Porque, claro, los padres trabajan en temporada y este
barrio está a veintidós cuadras del mar, no es tan cerca para que un chico vaya
solo.
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¿Es bueno el ida y vuelta con los papás?
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Nunca tuve problemas. Además, antes que con los padres, siempre trato de
conversar con los chicos. Como en todos lados hay papás que están siempre y
otros más ausentes. Y por lo general, si hay un chico con problemas, es más
difícil llegar a los papás. Por algo tiene problemas. Pero esos casos son los
menos. Siempre hay alguien que te acompaña si hay una excursión o para hacer
las hamburguesas en el campamento. Y para hacer la remera de egresados vinieron
unos papás que hacen serigrafía e hicieron unas estampas divinas. También es
interesante una jornada que hacen un domingo cada tanto para mantener la
escuela y se arreglan rejas, carpintería o lo que sea.
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| "Antes que con los padres, siempre trato de conversar con los chicos". |
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Termina la temporada, se va la gente, ¿cómo es la
relación entre los que quedan?
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Y hay tardes que decís ‘¿Pero no cae nadie de visita?´
Antes de venir uno tiene la fantasía que en un lugar así y con otros tiempos, la
gente se ve seguido. Y la verdad, no nos visitamos mucho. Me veo más con la
gente que viene por unos días a su casa que con los que viven permanentes. Y es
gente macanuda, pero... no sé. Será que todos los que vinimos acá llegamos para
estar solos o alejarnos de algo. Pero no lo sé. Me lo pregunto muchas veces.
Quizá tenga que ver que todos vinimos de grandes, con vidas hechas y por algo
te venís acá.
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¿En el futuro, te ves acá?
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Estoy muy bien, me encanta tener una casa a dos
cuadras del mar, ir a caminar por la playa cuando tengo ganas. A veces, cuando
voy camino a la escuela digo: ”Pero mirá por dónde estoy caminando!” Pero
pienso que mi vejez no la voy a pasar acá.
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¿Y dónde?
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En La Plata. Me
fui quejándome de la ciudad y cada vez que vuelvo la veo linda, con montones de
cosas por hacer y están los amigos de toda la vida. Mis hijas mayores están ya
instaladas allá y cuando tenga nietos quiero estar cerca de ellos.
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| "Tenemos que pensar cómo parar la invasión del espacio público por parte de los privados" |
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¿Cómo ves a Mar de las Pampas?
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La invasión del espacio público es preocupante. Si uno
pone un pelotero, el otro va y pone un pelotero con luces de colores. Hay una
competencia de ofrecimientos desmedida. ¿Qué van a terminar ofreciendo: la
zambullida personalizada? Mucha gente ve el espacio público como negación de lo
privado. Piensan: es público pero no quiere decir que es de todos, sino que
todavía ningún privado se avivó. Te dicen amamos el bosque, pero no les importa
nada. A esta gente le interesa de dónde pueden sacar ventaja económica y el
verso es: la gente quiere servicios. Hay mucho caretaje. Tenemos que pensar
cómo pararlos.
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| Silvia junto a Fainá, su fiel perro de trece años que descansa sobre la pinocha. |
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¿Qué le dirías a alguien que sueña con vivir en Mar de las Pampas?
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Primero, que si alguien cree que a vivir acá
será como la familia Ingalls, se equivoca. Si bien hay una naturaleza más salvaje, acá
ya hay electricidad, Internet, celulares. Y creo que es importante buscar la
vuelta de vivir donde a uno le gusta. Más allá de lo que los números y la
economía indican como más favorable, hay que hacer lo que el corazón te dice
porque, si es así, no hay arrepentimiento posible.
Fotos: María Angélica Pérez






que buena entrevista, Sil
ResponderEliminarbuena maestra y buena compañera!!!
un abrazo
Gracias Adriana! me alegra que te haya gustado. Nosotros estamos contentos de haber conocido a Silvia. Cariños.
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